apuntes inspirados – Silvina Pirraglia


Cosillas sobre Leopoldo Estol y Rosa Chancho.

(Se me fue la mano con la tarea. Lo que sigue a continuación es una catarata, un fluir de la inconsciencia. No hay certezas)

Hay palabras que no paran de aparecen una y otra vez cuando se “pelotea” sobre Arte Contemporáneo.  A vuelo de pájaro, y sólo por nombrar algunas en forma desordenada: intimidad, identidad, colectivo, acciones, relato, microrrelato, heterogéneo, diversidad, pluralismo, fragmento, resignificación, resemantización, instalación, migración, falta de especificidad, permeabilidad, experiencia, performance (perfo para los amigos), curatorial,  Site-specific, coyuntura política, sensible, poético, límite, desplazamiento, replicar, precariedad, recursos, transponer, reponer, efímero, arte relacional, dialogar, ausencia, filiación, emergente, entre otras. Estas palabras que se tejen en red, han servido para nombrar y bordear producciones muy diversas, las cuales producen intercambios y algún tipo de conocimiento. Dan cuenta de ansiedades, estados de ánimo y deseos particulares. Mapean los diferentes modos de habitar este mundo.

Creo que para abordar la obra de Estol y Rosa Chancho, hay que haber compartido con esta gran familia de palabras mas no sea un rato. Para no sentirse tan afuera o pensar que en el arte está todo perdido, o que la escena actual es una gran paparruchada, por traer un término de abuelo cascarrabias.

El ejercicio crítico, el de observar y arrojar un juicio, pareciera haber marcado nuestra vida desde niños. Y ahora como adultos adeptos a las redes sociales, subimos y bajamos pulgares a diario. Varias veces en el día. El “Me gusta”/“ya no me gusta”, con posibilidad inclusive de argumentar a través de algún comentario. En última instancia, siempre será un “me gusta” o “no me gusta”, pero me pregunto si para transitar ciertas obras no habría que suspender de una buena vez el juicio, como ya lo dijo Sontag en los ’60 en su enorme obra “Contra la interpretación” y adoptar formas más descriptivas. En lo personal, lo que me propongo en este acto de suspender el juicio, implica -en parte y además- quedar flotando, permanecer, sostener la atención hasta en las más incómodas y lejanas de las obras, sin mucho más. Andrea Giunta, en el artículo que forma parte de Poéticas Contemporánea editado en 2010 por el Fondo Nacional de las Artes (y a propósito de “Notas sobre lo camp” de Sontag), propone que nos centremos en la descripción de los hechos sin tomar posición, dando cuenta de los cambios, focalizando en la emergencia de lo nuevo, procurando obtener nuestro conocimiento de ese relato, sin mensurar, sin valorar, buscando aprender lo datos que señalan un paisaje distinto.

Dicho esto, Leo Estol.

Todo lo que aparece en Bola de Nieve pareciera ser una declaración de principios. Se pone de manifiesto la herencia de su obra, su práctica como artista y círculo de pertenencia. Su obra, y su condición de posibilidad, encuentran su origen en el intercambio con otros: talleres, clínicas de obra, relaciones personales con otros artistas, ciertas formas de alianza a la hora de contestar y tomar posición frente a la crítica, etc. El texto es una enunciación intimista sobre sus relaciones, que de algún modo refuerzan (o cumplen) con el espíritu de Bola de Nieve. Como lector, espiamos la vida de Estol (hasta lo podemos imaginar caminando con Diego Bianchi y Martín Kovensky) y al mismo tiempo, nos resulta fácil ubicarlo dentro de la historia del arte local: artista que ha trabajado en varios formatos; instalaciones, manufactura de objetos, acciones y plataformas web. Ha realizado curadurías, investigaciones, y publicado textos críticos. Ha sido parte de la Beca Kuitca. Su producción más conocida comienza a partir de 2005.

En sus instalaciones hay un trabajo sobre el espacio y la dispersión de los objetos, retomando poéticas, como ya se leyó en algunos artículos, de artistas como Orozco y Hirschhorn.  Se percibe una reflexión sobre el tiempo presente y su manera de transitarlo (la de Estol como voz cantante de una época) a través de los objetos elegidos. Lo que parece un cúmulo de basura y objetos random fueron recolectados, seleccionados “quirúrgicamente”  y deliberadamente puestos a convivir. Está claro que hay un énfasis y una confianza especial en los materiales que elige porque son estos los que nos hablan de un momento y temáticas determinados. Esta podría ser su estrategia principal. En otras palabras, en la obra de Estol hay un yo que se enuncia no tanto desde una autobiografía -o si lo hace, como en su instalación Una Mañana expuesta en Ruth Benzacar (2008), donde con ayuda de amigos replicaba lo que era su dormitorio dentro de la galería-, es para marcar el pulso de una época, una sensibilidad determinada, ciertos hábitos y costumbres, consumos, y deseos de jóvenes argentinos post crisis 2001, post tragedia cromañon, como parte de un microrrelato.

Rosa Chancho

La obra de Leo Estol y Rosa Chancho se producen desde el conocimiento que dejan las discusiones y debates sobre Arte Contemporáneo. En el caso de Rosa Chancho, la estrategia o el modo en que estas discusiones se reponen aparecen a través de la reacción, la cita resignificada y el giro humorístico     (planteado ya desde el origen de su nombre, en referencia al debate Rosa Light vs Rosa Luxemburgo)  o Bola de Lodo (2007), como la alternativa analógica de Bola de Nieve. En Inauguración (Estudio Abierto 2006), somos testigos de la desmaterialización del objeto artístico y nuevamente invitados a pensar en términos de arte relacional como posibilidad de encuentro en un lugar específico. Todos los tópicos abordados, en resumidas cuentas, el qué, giran alrededor de temas que fueron (y son) propios de una época dentro del mundo del arte, situando a Rosa Chancho como un grupo que persigue la lógica de la moda (pasajera y efímera) pero que se inscribe en la historia del arte local como un exponente peculiar, como un grupo de lectores bien nutridos del contexto en el que se produce. Tal vez, el microrrelato de Rosa Chancho sea lo que ocurre puertas adentro del mundo del arte actual, donde todo cambia constantemente, todos hacen de todo y donde la cita está a la orden del día.

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