bitácora – Jusa Oñero


“El color es más fuerte que el lenguaje.
Es una forma de comunicación subliminal”
Louise Bourgeois

Estaba en camino a la inauguración de la muestra de Carlos Bissolino cuando a medida que me aproximaba a la dirección que tenía anotada noté que mis pasos me llevaban al Banco Nación. Lejos de tratarse de un impulso monetario tomando posesión de mis pies, esto significaba, para mi sorpresa, que la muestra era allí, en el hall del Banco Nación. “¿Es en el banco?”, me pregunta en eso mi amiga que me esperaba sentada en la escalinata de la entrada, sin todavía poder convencerse de estar en el sitio correcto. Esto me produjo dos primeras sensaciones; por un lado ¡que buena oportunidad de volver a admirar la presencia monumental de semejante edificio y su famosa cúpula!, por el otro, ¡me resisto a entrar en un banco! Lo admito, aquel año frenético ha dejado sus huellas..

Superado este primer momento, me dejé llevar por la propuesta de la muestra, pinturas de gran formato que evocan paisajes oníricos en algunos casos, en otros azarosas explosiones de pintura. Ya conocía parte de estos trabajos por otra muestra del artista en la galería Wussmann en el 2009, que todavía recuerdo muy bien a pesar de mi pésima memoria (estos recuerdos probablemente no provengan de mi memoria). Indudablemente aquellas imágenes me deben haber impresionado en algún sitio que no ubico bien, es que los colores pregnantes que utiliza Carlos en estos trabajos son difíciles de pasar por alto. La experiencia es como asomarse por unos instantes por una ventanita a otra dimensión, lejos del color local, las paralelas y los horizontes que responden a las leyes cotidianas. Otras veces se asemeja a asistir a la implosión de un planeta imaginario, un lugar alguna vez habitado (¡que bueno hubiese sido conocer a esos seres!) y del cual solo quedan estos restos cromáticos, ruinas incandescentes de aquel paraíso imaginario.

Pero no todo es disfrute ya que algunas propuestas ofrecían viajes a ninguna parte, me dejaban en medio del camino o simplemente me invitaban a pasar de largo. Esto se debe en parte a la disposición de los cuadros en el espacio angosto del hall, insuficiente para poder apreciar obras de esos tamaños que estaban colgadas enfrentadas, sin aire para percibir esos lugares de disfrute que proponía la materia encendida. Me senté en un banquito a descansar cuando descubro que había mucho más para ver en uno de los cuadros que asomaba en el otro extremo del pasillo. Como avergonzado, se dejaba ver de costadito, a la distancia, con mucha más plenitud que en el primer vistazo acorralado. Mientras pensaba esto mi amiga me dice “Desde acá es otra cosa..”, sin quererlo habíamos descubierto un pasaje, mientras la mirada se acomodaba a esta nueva cara de la misma imagen.

Jusa Oñero

Una respuesta a bitácora – Jusa Oñero

  1. ana dijo:

    Te felicito, hay q’animarse……adelante!

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