bitácora – Lucia Galli


Elegí la muestra “Blanco y Negro” en el Centro Cultural Borges. Por supuesto siendo fotógrafa no “podía dejar de verla” aunque confieso que hubo cierto acomodamiento zonal que me llevó a visitarla, estaba en la zona y decidí pasar y ver.

Suelo tomarme las visitas a museos o galerías como un emprendimiento bastante cargado de solemnidad, es decir, intento estar cómoda, llevar un cuaderno y una virome para anotar, la cámara de fotos por si hay algo que quiero recordar o documentar. No fué el caso de la visita a los grandes de la foto blanco y negro. Llevaba un carrito con ruedas en cuyo interior guardaba un disco reflector, la cámara con los tres lentes, el flash, un libro para leer en el subte, en un hombro mi cartera y en el otro un trípode. Cansada, cargada, poco dispuesta, algo engripada, mal dormida. Así y todo me sumergí en las profundas aguas del consumo turístico de las Galerías Pacífico y con bastante dificultad logré llegar a destino. Si hay algo que rescatar en mi travesía, es el horario elegido. Eran las 11 de la mañana y además del guardia de seguridad y la mujer que vendía las entradas, que muy amablemente me guardó el trípode (el carro lo llevé conmigo, no podía arriesgarme a dejarlo en manos desconocidas) además de esas almas perdidas en una mañana otoñal, no había nadie más que obstaculizara mi paso.

El paso obligado antes de la sala elegida, era una muestra de fotos, también en Blanco y Negro, de Borges. Me hizo reflexionar sobre las coincidencias. Es decir, me dirigía a ver fotos en blanco y negro, al menos esa era la consigna de la muestra. No eran un rejunte de por ejemplos los precursores del pictorialismo o del fotoperiodismo. Eran fotos en blanco y negro. Entonces las fotos de Borges en blanco y negro de alguna manera podrían haber sido parte de mi muestra elegida, pero no. Eran fotos de Borges, que fueran blanco y negro era una característica inherente a la época en que fueron tomadas.

Luego de esta vaga reflexión, seguí camino hasta llegar a la sala. Era pequeña en relación a mis espectativas. Cuando ciertos nombres aparecen en escena, uno se imagina una exhibición de alguna manera más pomposa, o al menos habiendo sus obras recorrido el mundo en infinidad de muestras, esperaba al menos una novedad, una excusa para reunirlos que vaya más allá del estilo.

El texto que encabezaba la muesta decía: “como arte, la fotografía es testigo de la realidad. La fotografía nos apasiona por que es una visión del mundo que compartimos todos: nuestra vida, nuestra historia, nuestra tierra” Demasiado amplio, conciliador, pobre, obsecuente. Y continúa “Elegimos obras que nos inspiran con su belleza, con su encanto, con sus testimonios de valor y coraje, y de la mano del hombre buscando sobrellevar los límites de la distancia y el tiempo.” “lo que las une como colección es que cada una nos desafía a tener esperanza”.

Quizás la maravilla reside únicamente en las obras, y no haya mucho más que agregar, quizás esa es la estrategia curatorial. Fué una linda visita que no duró más de 45 minutos, con un aire de desencanto por un lado, y un regocijo en el alma por otro, experiencia que me llevo siempre al pararme frente a fotos de genios como Cartier Bresson, Ansel Adams, Robert Doisneau, etc cada uno en su estilo, precursor de una época.

Lucia Galli

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