texto curatorial – Maite Doejswik


La escultura y su campo expandido hoy. Una puesta al día                              

La escultura tal como fue caracterizada tradicionalmente, ha corrido sus límites para convertirse hoy en una categoría maleable donde conviven nuevas busquedas simbólicas y formales.

Rosalind Krauss en 1979 caracterizaba dentro de este campo en expansión las experiencias resultantes entre la combinación entre la arquitectura y la no arquitectura, en términos de estructuras axiomáticas.

Siguiendo en esta línea aparecen habitáculos que a simple vista pueden considerarse piezas arquitectónicas desde el punto de vista formal, pero cuyos usos públicos y simbólicos los sitúa como no arquitectura.

La primera obra con la que nos encontramos es “Room for One Colour” de Olafur Eliasson de 1997. Este artista de origen danés y padres islandeses utiliza la tecnología para crear un ambiente a través de la temperatura del color, que remite a los paisajes de Islandia. Juega con el campo de la escultura y la arquitectura dado que su obra se compone de una habitación y luces.

Otra habitación que toma el lugar de obra escultórica es “Habitación quemada” del artista argentino Tomas Espina de 2009. Se trata de una habitación cuadrada iluminada por una lamparita de luz muy tenue cuyas paredes estan cubiertas de hollín y marcas. Penumbras y olor a quemado envuelven al público que ingresa a la sala y la recorre.

También en el ámbito artístico contemporáneo nacional se sitúa el artista Adrián Villar Rojas. Su obra “Lo que el fuego me trajo” de 2008 transforma una habitación en una escena cubierta de escombros, ladrillos rotos, piezas de cerámica semi destruidas todas ellas de color gris entre paredes blancas y polvo. El público puede interactuar con el espacio aunque con cierta dificultad.

Rossana Martinez artista neoyorquina que trabaja con la escultura y la instalación realiza “Glow” en 2006. Una habiatación blanca que la artista pinta con un aerosol fluorescente color naranja mientras camina por el perímetro de la habitación hasta que se acaba la pintura. El resultado visual es una instalación que consiste en la superposición de líneas ondulantes naranjas.

Otro habitáculo para inmiscuirse y experimentar sensaciones es uno de los “Penetrables” de Jesus Rafael Soto de 1967. El artista venezolano agrupa en volúmenes virtuales innumerables hilos delgados, donde intenta desplazar la materialidad de la obra hacia la energía. Esta estructura es inmovil pero genera vibraciones con el movimiento del público dentro de ella.

Lejos de categorizar y dar respuestas a las nuevas formas de la escultura como habitaciones iluminadas, juegos de ovimiento o escenas casi escenográficas, podemos a traves de este recorrido hacernos mas preguntas y pensar en la expansión del campo como un movimiento infinito hacia nuevos horizontes.

Maite Doeswijk

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