Crítica sobre la Belleza – Silvina Pirraglia


Lights in the City  y Los ojos de Gutete Emerita: ¿dos obras dentro de un mismo programa ejecutado por Alfredo Jaar?

 

El arte continúa siendo una fuente vital de representaciones

simbólicas e imaginarias cuya diversidad es irreductible

a la (casi) total dominación económica de lo real”

Catherine David, “Introduction”, Documenta X. Short Guide. Ostfildern-Ruit, Cantz Verlag, 1997

“Tomemos el caso del arte: debido a la esencia simbólica

su lenguaje habla sobre aquello que no hay pero podría haber,

porque en las fronteras de su mundo, en los límites de la palabra, el artista decide crear”

Marta Zátonyi, Arte y Creación: los caminos de la estética, 1ª ed., Buenos Aires, Capital Intelectual, 2011.

 

 En mi breve análisis sobre Los ojos de Gutete Emerita (1994), mencioné la importancia del concepto de belleza en la obra de Jaar e incluí una cita de una entrevista en la que el artista hablaba de la belleza de las ideas. Una idea puede ser bella per ser y luego encarnar una forma igualmente bella que la haga efectiva. Porque convengamos que Jaar tiene intenciones precisas y claras. Se trabaja duro durante años y luego son tres los segundos que el público se demora (muy de casualidad) en una obra. ¿Decepcionante? Seguramente…

Lights in the City (1999), se llevó a cabo en la ciudad de Montreal y constó de aproximadamente 100.000 watts de luces rojas instaladas dentro de la cúpula de un edificio emblemático de la ciudad, las cuales se encendían cuando un botón era activado. El efecto de las luces rojas vibrantes, iluminando la “Copula of the Marche Bonsecours” (como se conoce al edificio) fue impactante y podían ser vistas en todo Montreal. Esa era precisamente la idea: captar la atención de los habitantes de la ciudad. Porque… ¿dónde estaban instalados esos botones? En refugios y albergues de gente sin techo que cada vez que ingresaban a algunas de esas áreas podían pulsar los botones disponibles y así encender la famosa Cúpula, como el flash de una cámara, pero sin generar material fotográfico. El objetivo de este proyecto radicaba en permitir que cada individuo sin techo fuese reconocido y legitimado como persona sin ser humillada. Jaar presentó la idea en los refugios y fue aceptada felizmente. Se apreció que no se los expusiera a través de fotografías. Las luces rojas conectadas a los refugios fueron su modo de “señalizar” una situación de desamparo sin exponer aún más a esta gente.  Las paradojas resuenan fuerte en la conciencia de Jaar. Porque resulta increíble que una ciudad como Montreal que se encuentra entre las más pudientes de América del Norte tenga un índice altísimo de ‘homeless’. Es históricamente de esa manera y resulta una situación muy difícil de revertir. Vale agregar, que la Cúpula se incendió varias veces a lo largo de su historia. Por ende, esas luces rojas también simbolizan metafóricamente la amenaza de incendio que en su momento significó una tragedia que ahora pareciera ser doble.

“We wanted the Cupola to become a permanent monument of shame, and other shelters wanted to join us and get connected, but six weeks later the mayor canceled it. Like all of my projects, it failed. We did not give the homeless a home. We did not resolve their problem. We gave them a brief, hopeful moment when they regained their humanity, when people started acknowledging their presence, smiled at them, when the press also contributed to the dialogue, but eventually they returned to their status as homeless. With these projects you change so little…”

Haciendo un recorrido por toda la obra de Alfredo Jaar observamos, como decía al comienzo, que la cuestión a veces radica en el poder de una sola idea. En meses de investigación sobre un conflicto de la vida real, en su mayoría tragedias que son llevadas, a su vez, a un evento de la vida real (la del artista y la de su público). El conflicto se moldea, toma alguna forma y se hace obra como respuesta a algo. En este sentido, las obras de Jaar son programáticas. Son obras dentro de una misma y gran obra. Pareciera marcar en el mapa mundial puntos rojos y llevar una cartografía personalísima que opera como motor en su máquina creadora. En Los ojos de Gutete Emerita la luz estuvo puesta en Ruanda, en Lights in the city, se iluminó Montreal.

Es importante destacar que la educación formal y académica de Jaar proviene de la Arquitectura. Su condición de arquitecto le ha permitido articular las ideas de sus trabajos. Para él, sus proyectos son mayormente procesos de pensamiento y sólo un diez por ciento deberá ser articulado para verse plasmado en un trabajo visible. Tal vez convenga remarcar que su obra, en su gran mayoría, está compuesta por Site-Specific. Jaar definitivamente le saca provecho al lenguaje de la Arquitectura (escalas, luces, espacio, movimiento, tensión) para llevar a cabo sus obras. Pero su percepción de lugar no es tanto la de un espacio físico, como la de un espacio político, social y cultural. Y aquí me resulta interesante agregar que su obra incorpora y cruza de manera eficaz e inteligente otros registros artísticos y hasta filosóficos. Si visitamos su sitio web, lo primero que leemos es una cita del poeta William Carlos Williams (“It is difficult to get the news from poems yet men die miserably every day for lack of what is found there”), e inmediatamente después un texto de Cioran, casi una reflexión a la condición humana, sus contradicciones y anhelos. En toda la obra está presente lo literario. Como si Jaar hubiese tomado de la Literatura un punto de partida. Cierto modo de acercamiento…

Ahora bien, Jaar tal vez podría haberse dedicado al Fotoperiodismo, pero eligió el arte. Su declarado interés por transmitir una “realidad objetiva” lo ha llevado a buscar distintas formas de enunciación. Y Jaar siempre querrá encontrar el punto justo que acorte la brecha entre la realidad y su representación. ¿Cómo se transmite una realidad vivida? – se pregunta. Y nos presenta algunos modelos. Porque para Alfredo Jaar, el arte que no tiene capacidad crítica cae en la tan castigada categoría decorativa. Claro está, que estamos frente a un artista que se cuestiona y da respuestas sobre lo que el Arte debería tener: una dimensión política porque todo en la vida lo tiene, con un fuerte acento puesto en la belleza. A través del arte, Jaar ha podido hablar sobre aquello que le resulta (y nos resulta) imposible experimentar en carne propia. Crea mundos como ser insatisfecho y nos los muestra para generar(se) algún tipo de esperanza.

Silvina Pirraglia, Julio 2011.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s