Reseña – Julio Alan Lepez por Ana Carrino


Julio Alan Lepez – Inventario (en Mundo Nuevo Gallery Art)

Inventario de vida.

Era donde recordaba. Sabía que la habían reformado, pero no recordaba mucho cómo solía ser. Igual quedó linda, eh. Cuando abro la puerta noté que había más gente recorriendo, una pareja (asumo).

A mi izquierda rápidamente reconozco la obra que me había llegado al mail; esa que me llamó la atención lo suficiente para decir “a esta es a la que voy a ir”. Es una pintura de un hombre uniformado con como traje de piloto, sin cara, aunque cuando me acerqué noté como un intento de rostro logrado a través de matices. Está como posando, solemne, como orgulloso, me hizo acordar a Will Smith en Día De La Independencia, si disculpan este desliz pochoclero. Tiene alas este hombre. Hechas de… barrera. Sí, la barrera esa que nos avisa que pasa el tren. Y en los extremos cuelgan como cintas métricas, un stencil, un cacho de patente y el otro lado al extremo del ‘ala’, hay un matafuegüito. El hombre parece ser un cut-out de madera: Me gusta como queda, con la sombra que asoma detrás.  Lo más loco (o por lo menos, a mí me parece loco) es que todos estos elementos que descriptos fríamente en el papel son tan distintos; cuando los ves tienen perfecto sentido. Como que estéticamente es muy armónico.

Entonces uno va así, como volando armónicamente de obra en obra. En la pared opuesta hay otro Icaro (así se llama nuestro volador de barreras); que vuela con cortinas luxaflex (mierda que hay muchos tipos de cortinas, ¿se podrá volar con todas?).  Muy alejado de los Ícaros, hay un entre cuadro y cut-out de un perro que sigue a un hombre, pareciera que están por la calle. Y; nada que ver, pero hay también unos cut-outs de unas niñas en la playa; dibujadas en carbonilla sobre la madera. Eso noté, el dibujo. Este chico dibuja, y muy bien. Tiene algo el dibujo, ¿no? Tiene como algo de flexible, creo que por eso me gusta.  En la salita siguiente hay más obras (son muchas!): Más cut-outs, collages, figuras humanas sin rostros. Una pequeña serie se llamaba Placebo; y consistía de dos obritas que eran hombres jóvenes, aparentemente ‘con onda’, recortados de revista, y descabezados. Pero, contrariamente a lo que puede sonar esto, no conformaba una composición violenta (o será algo súper subjetivo, que me recuerda a mis muchos collages con siluetas de modelos de pasarela descabezadas –es que sólo me interesaban los vestidos, no quienes eran-). Después el collage se transformaba en un cut-out.

Ya, dije demasiadas veces la palabra cut-out. Cut it out. Cortala, Ana.

Me encantan los cut-outs igualmente, y el collage, y el dibujo, la carbonilla, la madera.  Todo.

Tan entusiasmada estaba (estoy) con los materiales y la destreza, que olvidé mencionar el jueguito: Había una especie de arcade, una máquina que podría haber sido de pac-man,pero con un volante y mini; que pasaba un video de un auto zigzagueando entre conos, no muy elegantemente. Y en el medio de la segunda salita, un asiento de bicicleta amarillo en el medio de la habitación.

Todavía tampoco mencioné a la venus de milo Skater, o la tejedora tejida, el Hamlet corporativo, y el actor piromaníaco… Bueno, supongo que acabo de hacerlo.

Supongo que Este chico Julio juega con lo incendiario y lo apaciguador; los personajes tienen como una calma post-tormenta que hace que uno quiera pasar tiempo con ellos; están relajados, incluso los descabezados. Qué me quiere decir, todavía no lo sé. Pero, nel frattempo, yo saboreo y recreo mi recorrida por la muestra en mi cabeza, que se me hizo tan placentera.

Ana Carrino

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