Bitácora TRAC – Clara Franchini


Lunes 31 de Junio – 19hs
Malba
Malona! de Alberto Passolini (PROYECTO CONMEMORATIVO DEL BICENTENARIO)
Luego de un intento frustrado por cumplir con la consigna (el CCR había sido desmantelado para ceder sus instalaciones a otro festival macrista) tomé el colectivo 130 que me condujese hacia el Malba con el objetivo de encontrar allí dos cosas: El último número de Ramona y alguna muestra que me diese algún tipo de material para escribir esta bitácora.
¡Qué museo! Cada vez que voy, o que incluso paso por enfrente, me impresiona y me gusta.   Esa estructura que emplaza tan armónicamente con el espacio que la circunda resulta profundamente atractiva; un edificio que fácilmente uno podría encontrarse paseando por algún país del primer mundo (o eso supongo, porque nunca he viajado por el primer mundo). Sin embargo, como todas estas cosas, así cuestan también: cuando llego  a la recepción del museo me doy cuenta que no tengo plata suficiente para la entrada. Entonces el chico que está en la recepción vendiendo entradas me dice que ahí mismo en la planta baja hay una muestra libre de un artista plástico que yo hasta ese momento no conocía, un tal Alberto Passolini. A decir verdad, el color rojo terracota con el que habían pintado las paredes de la sala me llama terriblemente la atención, así como la bandera argentina que se aparece por atrás en la sala siguiente pintada de celeste. Pienso: ¡Más bicentenario! En la escalera hay gente sentada, pero la visita guiada está terminando. Y vuelvo a pensar: ¡Cuánto bicentenario!
Al costado de la escalera el folleto de la muestra. Ahí voy, derecho a buscarlo. Me acuerdo que antes de entrar había visto el nombre de la muestra: Malona! e indefectiblemente hice las asociaciones pertinentes (como un gran porcentaje de espectadores deben hacer) con ese cuadro bastante grande de un pintor argentino, del que claramente no me iba a acordar el nombre, que alguna vez había visto en el Museo de Bella Artes, típica visita guiada del colegio.
Elegí ver primero la muestra, después me sentaría tranquila a leer el librito. A la izquierda y a la derecha enfrentados había tres cuadros de gran tamaño: “El malón plein air”, “Malón académico” y “Malona!”. Cuadros figurativos, bastante caricaturescos, la parodia sobre el malón, “los ingredientes del mito simétricamente invertidos” tal como resalta la curadora en las letras grises que se leen pegadas en la pared. El hombre blanco es el condenado. Sin embargo, los rostros tanto de los aborígenes como de los blancos resultan angelicales (creo que es la forma en la que dibuja la nariz de manera redondeada), pero diabólicamente angelicales. Me acerco al “Malón académico” y no sé porqué pienso: ¡Qué cuadro peronista! Supongo que será esa sensación de pastiche, de escenas irreconciliables que se conjugan de manera equilibrada como quizás de alguna manera todas esas diferencias culturales se vieron forzadas a convivir. La obra parece dar cuenta del intento de unas señoritas que de punta en blanco intentan enseñar pintura o retratar a “un grupo de salvajes”. Estoy recorriendo la primera sala y veo una silla y un atril con un cuadro sin terminar. No me detengo a ver si es una obra pero aunque tentadora, no me animo a sentarme (Debería haberlo hecho a ver qué pasaba, a ver si el chico del museo que sientan ahí en una silla, como si fuese una estatua más, se me acercaba a decirme algo. Pero no lo hice.) También había varias acuarelas con las mismas imágenes de los cuadros pero en tamaño reducido.
En la segunda sala, un caballete y una bandera. La serie Criollitas. Fotos de mujeres, muchas distintas, con diferentes ropas, diferentes poses, pero en el mismo lugar y dialogando con el mismo caballete que estaba en la sala. Mujeres. Toda la obra tiene una presencia marcadamente femenina. Las aborígenes del malón son mujeres, las criollitas son mujeres. Mujeres que de algún modo u otro, se me ocurre, deben representar cierto espíritu de la argentinidad (si es que tal cosa como la esencia del ser argentino existe). Me acercó a las notas curatoriales en la pared y al parecer las criollitas son artistas amigas de Passolini (Passolini como el cineasta italiano Pier Paolo). Ahora la técnica es la fotografía. Mientras que en la sala anterior era el acrílico. Pienso: Me cae bien que pinte con acrílico y también que tenga la flexibilidad de pasar de la pintura con acrílico a la acuarela y del dibujo a la foto, ¡eso es un artista versátil! Las fotos mucho no me causan, el nombre de la serie me resulta gracioso nomás. Las pinturas son bastante más vívidas, retengo las expresiones macabras de sus personajes. Eso que tienen de macabro no llega a ser oscuro sino más bien cínico.   También hay unos dibujos en la misma sala, bocetos de sus cuadros (¡Qué lindo sería saber dibujar!).
En esa segunda sala, unos muros que hacen las veces de subdivisión crean otra sala más. Toda celeste y de fondo un audio del mismísimo Alberto  encuentro lo que a mi parecer es lo más original de la muestra: una historieta llamada “La matadera y el cautivo”. Una suerte de storyboard en acuarela donde Passolini coloca, de manera invertida claro está, a dos de los personajes míticos de las clásicas novelas de Esteban Echeverría (material de lectura de escuela porque definitivamente han sido escritas con el objetivo de crear nación).  Sin embargo, Passolini con un cinismo sutil pero efectivo hace que estos personajes se desarrollen en un teatro de revista, mezclándose con vedettes plumíferas, con bolas de disco, con Esther Goris y con Violeta Rivas. El artista subvierte, de alguna manera, el intento decimonónico por crear una cultura propia, un acervo de tradiciones, y se propone simplemente dar cuenta del pastiche que la conforma, una amalgama de elementos que pueden situarse en una misma escena y contar una historia.
En consecuencia: Un artista versátil.  Puntos de convergencia entre cultura popular y alta cultura. Oscilaciones entre lo profundo y lo trivial, sondear entre lo trivial para lograr algo profundo. Inversión de géneros y no exactamente de un artista proveniente de la corriente feminista. Una visión caricaturesca y paródica del ser nacional.
Luego de presenciar otra forma más de conmemorar el bicentenario (interesante aporte de las artes plásticas) doy por terminada mi visita, breve pero fructífera, por la muestra Malona! de Alberto Passolini.

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