Críticas TRAC- Clara Franchini


Graciela Sacco – “El incendio y las vísperas”

Como soporte, un montón de palos astillados de diferentes alturas dispuestos uno al lado del otro. Una imagen que emerge a partir del ordenamiento desordenado de dichos palos. Una pregunta recurrente: ¿Cómo lo hace? Lo primero que uno se imaginaría es que una imagen se proyecta desde algún aparato tecnológico, pero no. La técnica se denomina heliografía, a saber, “un procedimiento basado en la acción química de la luz sobre los cuerpos, donde a partir del contacto de una luz -natural o artificial-, con una superficie emulsionada en una solución de sales, durante un lapso de tiempo determinado, es alterada con una marca lumínica. Sometida luego, en una cámara cerrada de vapor de amoníaco, se hacen visibles esas marcas, es decir,  las imágenes heliográficas o las escrituras solares” . Aún así, la pregunta vuelve a aparecer: ¿Cómo lo hace?, ¿cómo lo logra?


“El incendio y las vísperas” es una instalación más de las tantas que conforman la prolífera obra de la artista plástica rosarina Graciela Sacco.  Esta obra, presentada en la Bienal de San Pablo de 1997,  despliega una imagen inequívocamente política: La imagen de las multitudes manifestándose, rostros desahuciados pero a la vez desafiantes, sujetos con gestos de violencia en sus rostros.  Esta imagen es una fotografía probablemente extraída de algún archivo, o algún diario viejo. Una fotografía que pese a su color sepia, el color de los recuerdos, aparece vívida y real, que pese a ser estática, tiene la fuerza suficiente para salirse de sus límites.  Este ir y venir, esta dinámica que conlleva la misma obra, es habilitado a partir de su soporte. La sucesión de maderas puestas de manera desordenada, maderas que podrían haber sido aquellas que portaran carteles políticos, imprimen movimiento a la obra y abren grietas. La imagen también hace lo suyo, refuerza el mismo espíritu “movimentista”: el dinamismo de las masas, la conflictividad social.
La artista realiza una operación políticamente productiva (quizás por azar, quizás de manera mentada): Coloca al espectador en el lugar de las fuerzas de seguridad activando sutilmente un cuestionamiento en quien está mirando la obra. El espectador se ve casi forzado a colmar las grietas que quedan entre las maderas para poder tener una visión de la obra como un todo.  De esta manera, actualiza el potencial de la conflictividad social que intenta retratar.
Sin embargo, las preguntas iniciales ¿Cómo lo hace? y ¿Cómo lo logra? no encuentran respuestas y esa misma imposibilidad la vuelve interesante. Las preguntas no hacen más que multiplicarse: ¿Cómo hace para encontrar ese punto de equilibrio tan sutil entre la imagen, el soporte y los mensajes sin que éstos se anulen pero que tampoco se vuelvan tautológicos? ¿Cómo logra introducir la fotografía, a modo de ready made, sin que la importancia de la obra recaiga en esa fotografía? ¿Cómo logra que el espectador tenga la sensación de que la técnica que utiliza, en la cual podríamos decir que recae su guiño vanguardista, es bastante asimilable a la magia? Pero sobre todas las cosas, ¿cómo logra Sacco amalgamar en su obra política y poética?  Probablemente esta conjunción hace que sea una obra de arte que no se agote solamente en la mirada porque nos exige como espectadores una responsabilidad: la de ser capaces de reflexionar.

Clara Franchini

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