Críticas TRAC – Paola Grinberg


Fermín Eguía – La Suprema intangible
José Luis Anzizar – El mito de la vaca atada

¿La llamada “crisis de 2001” y sus posteriores consecuencias, impactaron en alguna medida en las obras de los artistas argentinos? ¿Se modificaron aspectos formales o simbólicos en las obras, manifiestos o discursos públicos de los artistas? ¿Se manifestó una relación más vinculante entre arte y política? La vinculación entre arte y política y la posición de los artistas en tanto intelectuales de su tiempo ha tenido etapas disímiles en nuestro país. En la actualidad, sin embargo, y desde la década del 90, dicha vinculación parece haber perdido peso dentro del campo artístico. Un conjunto de indicios revela que, aunque la relación entre arte y política cuenta en nuestro país con antecedentes de peso que tuvieron su apogeo en la década del 60, dicha tendencia ha sido retomada por algunos artistas contemporáneos.
Al calor de los acontecimientos de diciembre de 2001, Fermín Eguía puso en funcionamiento un peculiar poder de observación, para encontrar en las imágenes de aquellas jornadas registradas in situ por diferentes reporteros gráficos, ecos más que sugestivos de la historia nacional. El resultado fue Episodios nacionales, una serie de dípticos que ponen a dialogar elocuentemente el pasado y el presente argentinos.

Sus imágenes pueden resultar bellas o graciosas o terribles, aun para el espectador menos entrenado o más distraído. Ofrecen una vía de entrada engañosa, en apariencia fácil y divertida, a cuestiones arduas que se agazapan en ellas. Ha creado una galería de seres fantásticos: narices y bocas que asumen una existencia autónoma.

En este caso, en la recreación de una foto de la Corte Suprema sesionando en su tribunal: Eguía convierte a los juristas en sus ya proverbiales “nariguiles”. La metáfora, la parodia, la cita irónica, el humor, los recursos más valiosos e interesantes del arte contemporáneo se ponen en juego aquí. Se diría que Eguía busca y encuentra la belleza pintoresca de lo monstruoso.


Por su parte, Anzizar actualmente centra su obra en pinturas, escultura y objetos, en este caso en particular los zapatos y en como éstos reflejan la personalidad de sus dueños (en este caso “la Argentina”). Trabaja su obra como si fuese una elegante labor domestica, incorporando otros dibujos, textos y bordados al dibujo original. En estas imágenes, si uno se queda con la primera lectura se podrá ver una cosa linda, y hasta ingenua. Pero viéndolo entre líneas, enhebra preocupaciones sociales y políticas, históricas o actuales, las cuales evidencian su interés por el buen dibujo y el humor (herramienta básica para afrontar el día a día en un país crónicamente complicado). Este juego entre lo general y lo inmediato, el pasado y el presente, lo dramático y lo agradable, crea tensiones interesantes que captan la mirada del espectador, provocando reflexiones que van siempre más allá de ese primer regocijo estético.

Muchas veces alguno habrá escuchado decir que cuando alguien tiene todo “solucionado” en su vida “tiene la vaca atada”. La obra “El mito de la vaca atada” además de reflejar la ilusión que los argentinos tenemos en el modelo agroexportador que propone una salvación, insinúa que esta vez como país hemos encontrado el rumbo y despegaremos, finalmente, hacia el futuro dorado. Una utopía para los tiempos en los que estamos viviendo.

Paola Grinberg

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